Con un leve temblor, la maniobra del equipo reduce la inestabilidad por un momento, y el cráter flotante parece respirar aliviado. Cosmo alza las alas azules y mira a sus compañeros. Ren aprieta los guantes plateados, atento a cada cambio de la nave.
—Podemos seguir confiando en nuestra habilidad para estabilizarlo, o preguntamos a los guardianes del cielo si nos dan una pista —dice Ren.
Cosmo asiente con voz profunda. —Podemos intentar la ruta de la experiencia, con cuidado y repetición. Si fallamos, aprendemos; si acertamos, ganamos tiempo.
—Pero si la inestabilidad regresa con fuerza, quizá necesitemos una guía más grande —añade Ren.
Bruma aparece como una sombra amable, y su voz se escucha suave, leyendo la luz de las nubes. —La verdad no está lejos: miren dentro de ustedes y pregúntense qué esperan del viaje.
Ren alza la mirada y asiente. —Entonces pediremos la ruta correcta, con valor y con calma. Eso nos basta para seguir adelante y aprender a confiar, juntos.
Con esa decisión, la nave avanza con una nueva claridad. Aprenden que el valor propio puede ser fuerte, y que buscar guía, a veces, es un acto de coraje igual de grande.
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