El jardín secreto y las voces de las flores
El jardín secreto y las voces de las flores
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El jardín secreto y las voces de las flores

Una margarita entregó a Mimi una invitación enrollada. La panda la abrió con cuidado: «Esta tarde cantamos en el jardín secreto. Trae a tus amigos».

Rosco, el flamenco, ensayó una nota larga. Bongo, el canguro, dio un salto de alegría.

Llegaron al jardín cuando el sol empezaba a bajar. Desde detrás de los setos se oían voces finitas, pero no veían ningún escenario.

En la entrada había dos caminos. Una puerta cubierta de musgo dejaba oír pájaros. Por el otro sendero crecían flores con un olor dulce, parecido a la miel.

—La invitación no trae un mapa —dijo Mimi, mirando el papel por detrás.

Una hoja suelta pasó flotando. Tenía dibujada una nota musical, pero el viento la llevó lejos antes de que pudieran seguirla.

Rosco acercó la cabeza a la puerta. Bongo miró el sendero de flores.

No querían perderse el comienzo del concierto. ¿Entrarían por la puerta o seguirían el perfume de las flores?

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¿Qué camino eliges?

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