La ruta quedó registrada
Estela copió la placa, dibujó la roca blanca y anotó la hora de la marea. Después siguieron las marcas hasta el acceso superior.
Ona comparó la nota de Tano con el número de la placa y confirmó la autorización mediante su espejo. Les entregó la lente protegida en un bastidor.
El cuaderno permitió repetir la ruta al regresar con una segunda marinera y las correas necesarias. Transportaron el cristal hasta el Viento Libre sin bajar por la entrada inundable.
Tano reparó el soporte e instaló la lente. Junto al registro guardó una copia del dibujo de Estela para que el siguiente traslado no dependiera de una adivinanza transmitida de memoria.
Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Zarpar hacia la isla con el equipo preparado
- Volver al árbol para anotar el número
- Copiar la placa y la posición de la sombra
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