Un refugio de pergaminos y una promesa de compartir historias

Un refugio de pergaminos y una promesa de compartir historias

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Mora abre una grieta en la pared de su casa y revela un refugio de pergaminos apilados con paciencia. Los papeles se estremecen un poco, pero no se rompen, como si esperaran a ser leídos. Elena se acerca primero y toca uno con suavidad.

—Miren, estos pergaminos cuentan actos de coraje: cuando alguien ayuda a un vecino a cruzar el río y cuando dos amigos comparten comida en un día gris —dice Elena.

Teo asiente y añade:

—La memoria del valle no vive solo en las historias, vive cuando contamos lo que aprendimos y lo repetimos para que nadie olvide —dice Teo.

Mora se toma su tiempo y explica con calma:

—Si queremos que el valle siga recordando, debemos contar estas historias todos juntos. Así nadie se siente solo cuando tiene miedo —dice Mora.

Seguros, leen en voz baja y acuerdan unirse para compartir cada relato. Y así cada página se convierte en una pequeña tarea: ayudar, escuchar, repetir para que el valle siga fuerte.

La escena termina con una promesa: las historias harán que todos se cuiden, ahora y mañana.