El ritmo de las piedras secas
Concha eligió dos piedras que ya estaban lejos del agua y las golpeó muy suave: «toc, toc». Estela respondió dando palmas.
Inventaron un ritmo para caminar, otro para parar y otro para llamar a Rayo. Después devolvieron las piedras al suelo.
No llegaron al lugar de los destellos, pero prepararon un juego para toda la excursión. En el río limpio también había aventuras que comenzaban al quedarse quietas en un sitio seguro.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Quedarse en la orilla tranquila y jugar
- Inventar un juego de sonidos en la orilla
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