Una risa sobre las piedras blancas
La cueva de los misterios y la risa escondida
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Una risa sobre las piedras blancas

Las piedras blancas brillaban con la luz de Tino. Pipo se sentó en una y se rio: —¡Ja, ja!

—¡Ja, ja! —respondió la sala.

Rita miró alrededor. No había nadie más. —¡Es el eco! La cueva nos devuelve el sonido.

Los tres dijeron adiós. La cueva también.

Volvieron por el mismo pasillo. Fuera compartieron una pera, riendo cada vez que Pipo repetía la última palabra.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Mirar los dibujos junto a la puerta
  2. Mirar las piedras blancas como la luna
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