Un trineo que podía esperar
—Las mantas sí caben por tu puerta —dijo Leo—. Lo que no cabe es el trineo.
Alba sonrió. Tenía razón. Podían dejar el trineo aparcado junto al muro y llevar los paquetes en varios viajes.
Nuno cargó dos mantas. Leo llevó una más grande. Alba iluminó el paso con su estrella de hielo. Fueron y volvieron hasta que el trineo quedó vacío.
En el último viaje, Nuno quiso contar cuántas mantas habían llevado. Se quedó dormido un momento con la mejilla apoyada en la más suave.
—Esta pasa la prueba —susurró Leo.
Prepararon las camas y guardaron el trineo bajo el cobertizo. La puerta grande seguía cubierta de nieve, pero las mantas ya estaban donde hacían falta.
Este cuento tiene 3 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Dejar el trineo y llevar las mantas por la puerta pequeña
¿Quieres leer otro cuento?
El laberinto del Polo Norte y el trineo de las mantas
Tobi, Copito y Alba atraviesan un laberinto festivo para llevar mantas a la plaza.
Abrir historia →La casa de galletas y la llave de azúcar
Un muñeco de nieve y un árbol parlante quieren visitar a Papá Noel. ¡Pero la puerta está cerrada!
Abrir historia →El castillo de los abetos y la nieve que no paraba
Tres amigos buscan cómo detener un hechizo que está llenando de nieve las salas del castillo.
Abrir historia →