Las huellas junto al muro
Nuno siguió las huellas sin alejarse de sus amigos. Rodeaban el muro y terminaban en una entrada ancha.
—Es la puerta del huerto —dijo Alba—. Por aquí entramos la leña. ¡Hoy también pueden entrar las mantas!
El camino estaba despejado. Leo llevó el trineo entre los árboles dormidos y Nuno lo ayudó en la última cuesta. Alba sujetó la puerta para que no rozaran los paquetes.
Pronto las camas del refugio tuvieron sus mantas. Leo dibujó el camino del huerto en una hoja y Alba la colgó junto a la entrada.
Por la tarde llegó otra vecina con almohadas. No tuvo que buscar el picaporte bajo la nieve: siguió el dibujo hasta la puerta ancha. Nuno la recibió con la nariz todavía manchada de chocolate.
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Tu camino
- Seguir las huellas que rodean el muro
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