Una nariz dorada
Leo encontró una hoja dorada junto al banco.
—¡Esta parece una nariz!
La puso entre los dos ojos de hojas. Pío añadió una ramita como sonrisa.
El árbol soltó una risita. Su cara del suelo parecía estar riéndose también.
Los amigos le dijeron adiós y volvieron a casa por el camino.
Antes de dormir, Leo dibujó aquella nariz enorme. ¡Casi no cabía en el papel!
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Tu camino
- Escuchar al árbol
- Buscar una hoja para la nariz
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