La pelota que esperaba
Clara se puso en el círculo. Tizón empujaba la pelota con las patas en vez de lanzarla; los demás la hacían rodar cuando le tocaba.
Rosa miraba desde el banco. Después de varias vueltas, levantó la bolsa de las entradas para recordarles que aún tenían la merienda y la noria.
—Podemos hacer una vuelta más —dijo Clara—. O despedirnos ahora.
Tizón dejó la pelota quieta delante de sus patas. Los otros niños estaban de acuerdo con cualquiera de las dos opciones: el juego podía seguir aunque ellos se marcharan.
¿Qué camino eliges?
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