Bosque estrellado
Bosque estrellado
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Bosque estrellado

Lino, el ciervo, había elegido un claro para merendar con sus amigos. Rizo, el conejo, llevaba zanahorias tiernas. Tula, la tortuga, había traído moras en una cesta sujeta a su caparazón.

Extendieron una manta junto a los pinos. Apenas empezaron a comer, Rizo vio un punto amarillo entre las ramas bajas.

Después apareció otro. Y otro más, tan cerca del suelo que parecía a punto de tropezar con una raíz.

—¡Se han caído las estrellas! —exclamó.

Lino levantó la cabeza. Arriba, las estrellas seguían en el cielo. Las luces del bosque, en cambio, se movían de lado a lado y se apagaban un instante antes de volver a brillar.

Tula dejó una mora sobre la manta.

—Antes de decidir qué son, tendremos que mirarlas mejor.

Una de las luces avanzó hasta un tronco cercano. Rizo dio un pequeño salto de emoción.

—Podemos acercarnos. Desde aquí no veo lo que lleva la luz.

—O pensar qué podríamos comprobar —propuso Lino—. Tula sabe mucho de los animales que salen de noche.

La tortuga sonrió. Le gustaban las preguntas, sobre todo las que podían investigarse entre amigos. ¿Se acercarían al tronco o prepararían primero una pequeña observación?

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¿Qué camino eliges?

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