La cláusula de salida
Morgana leyó la promesa original y nombró a cada familia. El contrato obligó a Valcárcel a abrir las puertas y devolver las firmas.
Lucio grabó la confesión mientras guiaba a los inquilinos hasta la calle. El administrador quedó libre del edificio, pero no de la investigación.
El espejo se guardó como prueba y la casa pasó a custodia pública. Razonar con el guardián no significó perdonarlo: significó usar sus propias reglas para rescatar y documentar a la vez.
Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Romper el espejo y abrir las habitaciones
- Exigir que cumpla la cláusula de salida
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