Un soplido pequeño
Teo sujetó el farolillo y Chispa acercó el hocico al agujerito.
Fuuu. Un soplido suave, sin humo.
La luz se encendió. Nácar vio su caparazón brillar de color naranja.
—¡Ya se ve la entrada! —dijo Teo.
Colgaron el farolillo junto a la puerta. Los tres lo saludaron al marcharse: parecía una calabaza que les guiñaba un ojo.
Este cuento tiene 6 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Entrar a ver la merienda
- Volver a ayudar a Teo
- Ayudar con un soplido suave
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