El almacén del huerto
Los duendes los llevaron al almacén y cerraron la puerta. Desde una ventana alta, Truenita vio a Rurik recorrer el claro. Caracolo se quedó lejos de la rendija inferior.
Una vecina tocó la campana del puesto. Cuando el cazador preguntó por ellos, los duendes no fingieron una fiesta capaz de hacerle olvidar su oficio: le negaron el paso y mantuvieron juntos a los recolectores.
La guardia llegó por el camino principal. Con el dibujo de la estaca y las cuerdas todavía tendidas, pudo comprobar la denuncia y retirar el equipo de Rurik. Lo acompañaron fuera del huerto para tomarle declaración.
Caracolo y Truenita salieron después. Ayudaron a señalar los amarres que quedaban entre los árboles. La cosecha continuó al día siguiente con los accesos vigilados; su seguridad dependía de esas medidas, no de que el cazador hubiera cambiado de corazón.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Seguir sus amarres por el sendero
- Refugiarse en el almacén y avisar a la guardia
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