El Campo de aventuras

El Campo de aventuras

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En el Campo de aventuras, Bruno, un erizo protector, avanza con paso firme y sus pinchos brillan cuando sonríe. Zoe, una cebra curiosa, olfatea el aire y mira las huellas del pasto. Otto, un pingüino explorador, despliega un mapa pequeño, con líneas que marcan posibles caminos.

—Yo voy a vigilar que nadie se pierda —dice Bruno con voz clara—. Empezamos buscando señales en las flores amarillas.

—Si miramos a lo alto tal vez veamos una pista escondida —pregunta Zoe con entusiasmo—. ¿Y si hay una huella extra debajo de las piedras?

—Yo voy a trazar un mapa del recorrido a medida que avanzamos —anuncia Otto—, así nadie se desvía.

Trabajan juntos: Zoe señala una serie de gotas brillantes, Bruno protege a su equipo ante un charco, y Otto dibuja una ruta con la respiración de la brisa. Encuentran un cofre pequeño bajo un roble y, al abrirlo, descubren un regalo compartido: un cuaderno de dudas resueltas, colores para dibujar juntos y una tarjeta que dice: «Para todos los exploradores».

—¿Seguimos explorando o descansamos un poco para planear la próxima pista? —pregunta Zoe, mirando a sus amigos, esperando una respuesta.

¿Qué camino eliges?