La última pista del tesoro

La última pista del tesoro

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Bruno alza la piedra brillante y la sostiene entre sus pinchos, y la superficie emite un pulso suave que ilumina sus caras. Zoe se inclina para verla de cerca y pregunta con su voz clara: —¿Y si seguimos este resplandor?

—Vamos por el camino correcto. Para recuperar el tesoro, trabajemos juntos y busquemos la cueva escondida tras las flores azules —dice Bruno.

—¿Y si cada uno hace una tarea corta? —propone Zoe, sin dejar de sonreír.

—Yo dibujo un segundo mapa con las direcciones de la cueva y de las flores, para que todos sepan dónde ir —dice Otto.

Con la tarea clara, los tres asienten y se ponen en marcha. Aprenden que solo con ayuda mutua pueden lograrlo, y que la verdadera recompensa es haber terminado el viaje juntos, cuidando el tesoro para siempre.