La carta que no pedía respuesta
Isolda escribió: «Prometí guardar tu poema y no lo hice. Entiendo que estés enfadada. Voy a retirar las copias de la fiesta. No necesitas responderme hoy».
Leyó la nota para comprobar que no hubiera escondido una excusa entre las frases. Después la dejó en un sobre dirigido a Elia en el buzón.
Con Kiwi y Rafael, habló con la organización. Retiraron el poema del programa y localizaron las copias de los puestos. Isolda no contó a nadie de qué trataba ni por qué Elia lo había escrito.
Al día siguiente encontró una respuesta en el mismo buzón.
«Gracias por quitarlo. Necesito unos días. Cuando quiera hablar, te buscaré».
Isolda guardó el papel. Se sintió triste, pero no fue detrás de su amiga para pedirle otra respuesta.
Kiwi la acompañó a recoger las sillas de la fiesta. Al preguntarle si podía contar a otros lo ocurrido, Isolda negó con suavidad.
—Esa parte no nos pertenece.
El poema ya no estaba expuesto. La disculpa había llegado y la decisión de volver a conversar estaba en manos de Elia. Isolda había empezado a cumplir una promesa con hechos.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Preguntar por Elia junto al sendero
- Escribir una disculpa y darle espacio
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