Al otro lado del seto
Los tres llegaron al comienzo del sendero. Rafael llamó sin entrar detrás del seto.
—Elia, Isolda quiere disculparse. ¿Te apetece verla?
La respuesta tardó unos segundos.
—Ahora mismo necesito estar sola. Podría hablar un poco más tarde, junto al banco.
Isolda sintió ganas de explicar enseguida que no había querido hacer daño. Se quedó donde estaba.
Kiwi encontró papel y un lápiz en el pequeño puesto de recados del jardín.
—También puedes dejarle una nota. Sin pedirle que te conteste hoy.
Rafael señaló el banco fuera del sendero. Esperar allí respetaría lo que Elia acababa de pedir. Escribir y retirarse le daría aún más espacio.
Isolda quería reparar la confianza, no conseguir una respuesta rápida. ¿Esperaría al encuentro o escribiría la disculpa?
¿Qué camino eliges?
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