La llave de luz en el laberinto de enigmas

La llave de luz en el laberinto de enigmas

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Alba, Iris y Stella entraron en el laberinto de enigmas suaves, con paredes que se doblaban como almohadas. En cada vuelta, una pregunta les hacía detenerse, y cada puerta solo se abría si eran tres voces distintas y claras.

—Voy a buscar la llave de luz —dice Alba, sin miedo, tomando la delantera.

—Confío en nosotras para resolver cada enigma —añade Iris, con voz tranquila.

—Si trabajamos juntas, encontraremos la salida —afirma Stella, mirando arriba, hacia las siluetas de las paredes que parpadeaban.

Las tres se miraron y se dieron la mano, formando un círculo. En cada encrucijada, debían responder a una pregunta simple: ¿Qué color tiene la esperanza? ¿Cómo se llama la llave cuando brilla? ¿Quién cuida la ruta si una amiga se equivoca?

—La llave es nuestra confianza, no la sombra de la duda —dice Alba.

—La respuesta es trabajar juntas —dice Iris.

—La ruta se cuida si seguimos unidas —dice Stella.

Una puerta tibia se abrió, revelando un resplandor pequeño: la llave de luz brillaba al alcance de la mano, y el unicornio, desde la distancia, asintió, orgulloso de ver su promesa cumplirse. No había más que decidir: volver al claro o quedarse a celebrar lo aprendido. Aprendieron a confiar en su amistad, y el viaje terminó enseñando que la luz se comparte.