Ona tras la puerta de cobre
Entraron por el sendero alto. La lámpara de Mara reveló una puerta de cobre y, detrás, a Ona, la guardiana. No las amenazó; pidió la nota de Tano y el número del registro.
La nota sola demostraba que conocían la pista, pero no que pudieran retirar la lente. Ona tenía un espejo de señales para contactar con el faro desde la ladera.
Podían esperar a que confirmara la autorización o retroceder al árbol para copiar el número grabado en la placa, que Estela había visto sin anotarlo.
La marea no alcanzaba aquel acceso. No necesitaban enfrentarse a la guardiana ni decidir con prisa.
¿Qué camino eliges?
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