Una entrega con recibo
Ona recibió la autorización y envió una señal al faro. Tano respondió con el código del registro. Solo entonces abrió el depósito.
La lente no estaba dentro de un cofre de oro, sino sobre un bastidor acolchado. Las piratas usaron sus mantas y correas para llevarla sin tocar el cristal.
Al llegar al puerto, Ona entregó un recibo y Valeria firmó la recepción. Tano montó la lente en un soporte nuevo mientras Mara comprobaba desde el barco la dirección del primer haz.
El faro volvió a encenderse antes de medianoche. Estela tituló la página de su cuaderno «El tesoro que ya tenía dueño». Era valioso precisamente porque todos sabían dónde debía regresar.
Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Zarpar hacia la isla con el equipo preparado
- Ir por el sendero alto hacia la cueva
- Copiar los datos y presentarlos a Ona
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