La orden a la vista de todos
Asterión salió a la escalinata y exigió ver la orden completa. Dámon leyó los apodos oficiales, pero evitó mostrar la fecha. Los dos guardias intercambiaron una mirada: les habían dicho que el documento acababa de emitirse.
Medusa permaneció tras una columna, con el velo puesto. Asterión reconoció que su desafío había atraído a más curiosos y podía convertir una falsificación en un enfrentamiento público.
Dámon levantó la lanza cuando Iante pidió comparar los sellos. Asterión podía desarmarlo usando su fuerza, arriesgándose a herirlo y perder el documento. También podía mantener la distancia y razonar ante los guardias, señalando las raspaduras que ya eran visibles.
No bastaba con decir que Dámon debía cambiar de corazón. Había testigos, una prueba cuestionada y una puerta de salida que todavía podían conservar.
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