El cofre del antiguo muelle
La fortaleza abandonada
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El cofre del antiguo muelle

Mia y Teo siguieron el letrero del ancla hasta la puerta del muelle. Una ventanita abierta golpeaba suavemente con el viento.

Teo la sujetó con una mano. Al dejar de moverse, vieron al otro lado un pestillo: era el cierre de la puerta y podía alcanzarlo con la mano libre.

Mia sostuvo la linterna mientras Teo levantaba el pestillo. Entraron en un almacén seco, lleno de estantes vacíos.

Bajo la escalera había un cofre azul con un pez blanco. No tenía cerradura. Los dos levantaron la tapa y encontraron figuras de madera, varillas y una sábana cuidadosamente doblada.

—¿Este es el tesoro? —preguntó Mia, mostrando un barquito diminuto.

Teo colocó el barco delante de la linterna. Su sombra apareció enorme en la pared.

—¡Podemos navegar sin salir del cuarto!

Mia buscó entre las figuras y encontró un pulpo con brazos que se movían. Lo alzó detrás del barco. Teo dio un grito de mentira y los dos se echaron a reír.

Llevaron el cofre entre ambos hasta casa de la abuela. Esa tarde colgaron la sábana y prepararon la primera función.

Cuando los vecinos se sentaron, Mia apagó la luz de la habitación. La abuela encendió la linterna detrás de la tela y empezó a contar. Un barco enorme salió a navegar por la pared.

¡Fin!

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Tu camino

  1. Seguir el pasillo hacia la puerta del muelle
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