Fortaleza perdida: el nombre de la puerta
Fortaleza perdida: el nombre de la puerta
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Fortaleza perdida: el nombre de la puerta

Iris encontró una tarjeta de préstamo dentro del hueco de un árbol. Tenía dibujada una fortaleza y una frase: «Todos los habitantes del bosque pueden llevarse un cuento». Pero la lluvia había borrado el nombre de la biblioteca.

—Mi abuelo hablaba de ese lugar —dijo Sylas, el guardián del bosque—. Hace mucho que nadie entra.

Nereo, un tritón que podía caminar en tierra tan bien como nadar en el río, reconoció el puente del dibujo. Los tres siguieron la orilla hasta encontrar la fortaleza detrás de unos sauces.

El portón estaba cerrado. Sobre la madera había una inscripción: «Para entrar, di mi nombre». Debajo, una placa estaba tan gastada que no se leía ninguna letra.

Iris pronunció «Biblioteca», pero la puerta no se movió.

—Necesitamos su nombre de verdad —comprendió.

Llevaba en la mochila una vela azul cuya luz revelaba tinta borrada. Junto al portón, un plano de los jardines estaba protegido por un cristal. Quizá una de esas pistas les sirviera.

Desde el otro lado de la muralla llegó un tintineo. El viento movía unos adornos de hierro cerca de una encina muy vieja.

—También podemos mirar allí —propuso Sylas—. Esa encina ya estaba cuando venía mi abuelo.

Detrás del portón esperaban estantes enteros de cuentos. ¿Empezarían por las pistas de la entrada o rodearían la muralla hacia la encina?

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¿Qué camino eliges?

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