El dibujo que Somni no enseñaba
Somni mostró un boceto: un conejo sentado en una casa enorme, con una ventana diminuta. Le daba vergüenza que alguien preguntara por qué lo había dibujado así.
—No tienes que explicar más de lo que quieras —dijo Ígnea.
El conejo podía entrar en su propio sueño y ensayar la proyección. Tronador e Ígnea permanecerían despiertos a su lado; una campanilla acordada bastaría para llamarlo de vuelta. Ninguno entraría en su sueño sin permiso.
También podía dejar el ensayo onírico y convertir el boceto en un farol de papel mientras estaba despierto. Su proyecto no tenía por qué utilizar magia para merecer un sitio en la fiesta.
Somni miró la tela y después el papel. Los dos procedimientos podían terminar en una obra que él eligiera compartir.
¿Qué camino eliges?
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