La montaña de los ángeles
La montaña de los ángeles
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La montaña de los ángeles

Las estrellas más pequeñas pasaban la noche jugando sobre el bosque. Antes del amanecer, la linterna de la montaña les señalaba el camino de vuelta al cielo. Pero aquella noche la cumbre estaba a oscuras.

Milo, el ángel que cuidaba los senderos, encontró tres estrellas dando vueltas alrededor de un pino.

—No sabemos por dónde subir —le explicó la más pequeña.

Milo levantó una mano y dejó brillar su luz. Alcanzaba para iluminar las raíces del árbol, pero no llegaba hasta la cima.

Por el camino apareció Brin, el unicornio del bosque. Su cuerno sonaba suavemente cuando movía la cabeza. Las estrellas se acercaron a escucharlo y dejaron de dar vueltas.

—La linterna tiene dentro una piedra que guarda luz —recordó Milo—. Si la tocamos con mi mano, volverá a encenderse.

—Entonces iremos juntos —dijo Brin—. Yo conozco el sendero hasta el refugio.

Pidieron a las estrellas que esperaran sobre el pino. Desde allí verían la linterna en cuanto volviera a brillar.

Milo ajustó su pequeña capa. Brin le ofreció el lomo y empezó a subir con cuidado. Primero debían llegar al refugio de piedra; allí nacían los caminos hacia la cumbre.

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¿Qué camino eliges?

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