Cuatro huellas en el barro
La pradera de Caballero
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Cuatro huellas en el barro

Ivo se agachó junto a las huellas. No eran de perro ni de conejo: tenían la forma redondeada de los cascos de Caballero.

Las siguieron hasta una zona de hierba. Allí dejaron de verse.

—Se ha acabado el barro —dijo Aster—. Pero el camino continúa.

Gaia señaló una mata aplastada y, un poco más lejos, una marca nueva junto a una piedra. Ivo buscó otra hasta encontrar una fila de huellas bajo los sauces.

Caballero estaba detrás del último árbol, con la cabeza a la sombra. Se había detenido a descansar.

Ivo lo llamó y el poni se acercó. Le ofreció la zanahoria y le puso la cuerda para volver.

Los tres acompañaron a Caballero hasta su cercado. Ivo cerró y comprobó el pestillo que antes había atascado la rama.

Después abrió su cuaderno y dibujó una huella de casco. Gaia añadió una pequeña marca de tortuga en la tierra de al lado.

Aster miró desde su maceta.

—Mi huella es la mochila —dijo.

Ivo dibujó también una flor. Detrás de ellos, Caballero resopló tranquilo, ya en casa.

¡Fin!

Este cuento tiene 3 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Seguir las huellas con Ivo
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