Una carta desde casa
El templo de la Felicidad y la canción que faltaba
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Una carta desde casa

Silbo y Ada tomaron el camino de vuelta a casa. En la salida, la cuidadora comprobó que no quedara ningún préstamo por devolver y los despidió sin pedirles explicaciones.

En casa, Silbo sacó el papel que había guardado para su hermana. Ada sujetó una tablilla mientras él le dictaba una carta: le contó que la echaba de menos y le preguntó qué veía desde su nueva ventana.

Después dibujaron juntos el huerto y añadieron un hueco para plantar las semillas que ella quisiera enviarles.

Silbo seguía triste cuando terminaron. También tenía ganas de recibir una respuesta. Las dos cosas cabían en la misma tarde.

Ada preparó la merienda y se quedó a su lado mientras cerraban el sobre. No habían encontrado una forma de estar siempre contentos. Habían encontrado algo que hacer con aquella ausencia, sin tener que esconderla.

¡Fin!

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Tu camino

  1. Devolver la llave y regresar a casa
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