Cuando la luna se escondió
Bosque estrellado
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Cuando la luna se escondió

Lino, Rizo y Tula se quedaron en la manta. La nube avanzó hasta cubrir una mitad de la luna y después la ocultó por completo.

El claro se oscureció. Las gotas sobre la hierba dejaron de brillar, pero los puntos amarillos siguieron encendiéndose entre los pinos.

—No necesitan la luna —observó Rizo.

Tula asintió.

—Tienen luz propia. Creo que son luciérnagas.

Una de las luces se acercó a la cesta y se posó en el asa. Los tres pudieron ver el pequeño insecto que la llevaba.

—Soy Luzia. ¿Os molesta que descanse aquí?

—Al contrario —respondió Lino—. Acabas de resolver nuestra pregunta.

Le contaron que habían esperado a la nube. Luzia se rio al saber que Rizo la había confundido con una estrella.

—No podría subir tan alto. Mis alas prefieren las flores.

Cuando la luna volvió a salir, los amigos ya sabían distinguir sus reflejos de las luces del bosque. Luzia regresó volando con sus compañeras.

Tula repartió las últimas moras. Rizo miró la nube alejarse y le hizo un pequeño saludo: también ella, sin saberlo, había ayudado a descubrir el secreto.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Pensar con Tula cómo investigar las luces
  2. Esperar a que una nube tape la luna
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