La cuerda del antiguo amarre
Brumo volvió a mirar el punto del amarre. Al salir, indicó dónde pasaba la cuerda, lejos del cuerpo del ballenato.
Nara sostuvo la línea que aseguraba el barco. Arán acercó el cortador con la pértiga y esperó a ver el cabo con claridad.
Un corte soltó la unión. La red dejó de tirar hacia el fondo.
Arán enganchó su borde y empezó a recogerlo lentamente. Brumo acompañó al pequeño mientras este movía la cola y se deslizaba fuera de la malla floja.
—¡Ya está libre! —avisó Nara.
No dejaron la red flotando. La subieron a bordo con el cabo roto y la boya que arrastraba. Después siguieron a Brumo hasta la entrada del puerto.
La madre del ballenato apareció junto a él. Nadaron muy cerca uno del otro antes de alejarse hacia el agua abierta.
En el muelle nuevo, Arán entregó la red recogida y señaló el lugar del antiguo amarre para que lo revisaran. Nara vio a Brumo despedirse con un salto.
Los Campos de las Anclas seguían guardando viejas historias, pero aquella red ya no atraparía a ningún otro visitante.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Examinar las corrientes con Nara
- Cortar el cabo del amarre desde el barco
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