El guardián que no volvió a hablar
Cuentos de Miedo 18 años o más
Campos de los ecos: pactos entre sombras
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El guardián que no volvió a hablar

Draven se quitó los guantes. Dejó el anillo de su oficio sobre el último peldaño, junto a la lámpara de Uriel.

—No digas que lo hemos arreglado —pidió.

Después apoyó la boca contra los labios de hierro. La máscara estaba fría. Cuando pronunció su nombre, sintió que la última sílaba no regresaba a su garganta.

La grieta empezó a cerrarse. Desde las paredes llegó una sucesión de golpes, cada vez más débiles. Los conductos que llevaban a las cisternas quedaron mudos antes del primer toque de medianoche.

Uriel quiso sujetarlo por el hombro, pero Draven ya no podía separarse de la compuerta. El metal tenía el relieve de su rostro. Sus manos seguían calientes; sus ojos, abiertos.

Nix miró la máscara nueva.

—Ahora los oirás todo el tiempo.

Draven cerró los párpados una vez. Era la única respuesta que podía dar.

Al amanecer, Uriel comprobó los pozos de Valdara. No salía ninguna voz del agua. El niño que había caído a la cisterna reconoció a su madre y pidió volver a casa.

El consejo anunció que el peligro había terminado. Uriel entregó el anillo de Draven y exigió que se tapiaran los accesos al campo para que nadie se acercara al refugio. No explicó por qué el hechicero no había regresado.

Una semana después volvió solo con una lámpara nueva. La dejó junto a la compuerta. La llama iluminó dos ojos vivos en el hierro.

Desde el otro lado habló Nix. No pidió que abrieran. Empezó a decir los nombres, despacio, y Uriel se quedó hasta escuchar los cuarenta y tres.

La ciudad estaba a salvo. Bajo el campo, nadie había salido.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Bajar con Draven y examinar la máscara del silencio
  2. Mantener el sello: Draven ocupará el lugar de la máscara
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