El archivo de restauración
Fotografiaste la habitación desde la puerta. Beatriz yacía junto a la mesa; el inspector mantuvo el paso despejado hasta la llegada de los técnicos. Sobre un papel secante había una mancha violeta y, al lado, dos fichas de procedencia marcadas con el número 47.
Una pertenecía al Libro de las Mareas. La otra describía un devocionario sin valor excepcional, depositado años atrás por una familia distinta. Ambas llevaban la misma fotografía del sello del archivo, aunque el papel y las firmas no coincidían.
La prensa de encuadernación tenía dos alojamientos laterales. En uno conservaba una palanca corta de bronce; el otro estaba vacío. El catálogo antiguo mostraba que la máquina debía llevar dos piezas iguales. El inspector anotó la ausencia sin afirmar todavía que fuese el arma.
El registro electrónico atribuía una entrada a Natalia a las ocho y cuarenta y cuatro. La puerta también admitía una llave maestra mecánica, guardada por Julián. Usar la llave no dejaba una línea en el sistema.
En el carrito de traslado faltaba un tubo destinado al lote dieciocho. Un auxiliar recordó que Julián había ordenado preparar ese embalaje por si el manuscrito debía volver a la cámara acorazada.
Podías estudiar la tinta y las fichas para comprender qué descubrió Beatriz. O seguir la palanca desaparecida, el tubo y las formas de entrar al archivo. Ambas líneas necesitaban análisis y custodia policial, no una conclusión apresurada.
¿Qué camino eliges?
❦¿Quieres leer otro cuento?
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