La palanca que faltaba
El auxiliar mostró a la policía el armario de embalaje. Todos los tubos estaban allí salvo el marcado para el lote dieciocho. Julián había conservado la llave del armario hasta entregarla al inspector tras el hallazgo del cuerpo.
Sofía recordó haber visto al director salir del pasillo de servicio con un tubo negro poco antes de las nueve. Él explicó que contenía documentos para la subasta, aunque el catálogo y las fichas ya estaban en el atril del salón.
Los agentes localizaron el tubo detrás de unas cortinas del despacho de Julián. No lo abristeis allí: lo fotografiaron, sellaron y trasladaron a una mesa limpia. Dentro había una palanca de bronce envuelta en una hoja del catálogo del lote dieciocho.
La pieza encajaba en el alojamiento vacío de la prensa. Un técnico tendría que examinarla para buscar restos y marcas; el encaje no bastaba por sí solo para condenar a nadie. También seguía pendiente demostrar quién pudo retirarla y ocultarla.
La llave maestra permitía entrar sin utilizar una tarjeta. En la agenda de Beatriz aparecía: «20:45 — J. Soria, archivo. Exigir original 47». Julián había negado aquella reunión.
Podías preservar el tubo y dejar que la policía registrara el despacho y confrontara después al director. O mostrarle de inmediato que habíais encontrado la palanca, antes de asegurar el resto de sus documentos.
¿Qué camino eliges?
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