La fuente que canta y la luz de tres mundos

La fuente que canta y la luz de tres mundos

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El trío se acerca a la fuente que canta y se pone a escucharla de cerca. Un rayo de luz atraviesa el agua y cada chispa parece un susurro. El Unicornio, valiente y amable, alarga la pata para tocar la piedra templada.

— Debemos decidir si respondemos al canto o buscamos pistas entre las piedras, dice Unicornio, y sus ojos brillan con la confianza de quien quiere ayudar.

El Ángel bate las alas con calma y mira el murmullo de la fuente. — Si respondemos, la fuente puede volver a cantar con más fuerza, pero necesitamos una luz de cada mundo, explica, suave y seguro.

El Fénix sacude las cenizas de su plumaje y asiente. — Busquemos en el jardín una luz de cada mundo para reunirlas aquí. Entonces la fuente cantará con fuerza otra vez.

Con esa idea, caminan juntos entre las piedras y buscar pistas claras para empezar. Una a una, cada uno aporta una idea: uno escucha, otro mira las esquinas, otro siente el calor del aire. Así comienzan a trabajar como equipo, y el jardín parece sonreír.

Moraleja: cuando todos aportan su luz, la tarea se hace más fácil y todos brillan por igual.