La canción que despertó el agua
Ángel empezó a cantar la canción de cada tarde. Unicornio marcó el ritmo con una pezuña y Fénix añadió un silbido alegre. Esta vez, cuando la fuente llegó a su última nota, los amigos cantaron las que faltaban.
—¡Tin, tan, tilín!
El agua dio un saltito. Después otro. Una pequeña ola recorrió el canal hacia el estanque, como si la canción la empujara.
Los amigos caminaron junto a ella hasta una curva. Allí encontraron un montón de hojas que el viento había amontonado entre dos piedras. La ola chocó contra las hojas y levantó sus bordes, pero no consiguió pasar.
—¡Ahí está el atasco! —exclamó Unicornio.
Ángel siguió cantando para mantener las hojas levantadas. Unicornio las apartó con el cuerno y Fénix las llevó al suelo seco con el pico. Cuando retiraron la última, el agua del estanque corrió libre por el canal.
La fuente lanzó un chorro tan alto que los tres tuvieron que apartarse entre risas. Por todo el jardín, las flores se encendieron: primero amarillas, luego rosas y después azules.
—¡Ahora sí te oímos! —dijo Fénix, sacudiéndose unas gotas.
Aquella noche, los amigos cantaron una vez más junto a la fuente. El jardín brillaba y el agua ya no se saltaba ninguna nota.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Ir a la fuente cantarina y escuchar su canción
- Completar la canción de la fuente entre los tres
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