El camino de las gotas
El jardín encantado de las luces
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El camino de las gotas

Unicornio siguió las piedras con dibujos de gotas. Ángel volaba despacio sobre el canal y Fénix caminaba por la orilla. Las marcas los llevaron hasta una curva llena de hojas mojadas.

Detrás del montón, el agua del estanque se había quedado embalsada. Por delante, el canal estaba seco.

—El viento ha hecho un tapón —dijo Ángel.

Unicornio empujó las hojas con el cuerno, pero estaban sujetas por una rama.

—Si empujo más, podría meterlas todavía más dentro —advirtió.

Ángel bajó para levantar la rama con las manos. Entonces Unicornio pudo arrastrar las hojas hasta la orilla. Fénix las fue llevando con el pico detrás de una roca, donde el viento no pudiera devolverlas al agua.

Por fin se abrió un hueco. Un hilo de agua pasó entre las piedras y pronto se convirtió en una corriente que avanzó hacia la fuente.

Los amigos la siguieron. Cuando llegó al centro del jardín, la fuente soltó un alegre «¡Tilín!» y volvió a llenar los pequeños canales. Las flores recuperaron sus colores una tras otra.

Fénix se quedó mirando una amapola encendida junto a sus patas.

—Esta brilla casi tanto como yo —dijo, hinchando el pecho.

Ángel y Unicornio se echaron a reír. Se sentaron a descansar junto al agua, con el jardín iluminado a su alrededor y las hojas bien lejos del canal.

¡Fin!

Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?

Tu camino

  1. Ir a la fuente cantarina y escuchar su canción
  2. Seguir las piedras con dibujos de gotas
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