Un camino de notas
Mimi siguió la fila de piedras con notas musicales. Bongo y Rosco la acompañaron alrededor del estanque.
En una curva aparecieron dos senderos. Uno tenía piedras sin pintar; en el otro brillaba una nota azul.
—Por aquí —dijo Mimi.
Las señales los llevaron hasta un tronco que servía de escenario. Varias flores acomodaban sus macetas en una fila.
La margarita de la invitación levantó una hoja para saludarlos.
—¡Las piedras han funcionado! Las pintamos esta mañana.
Bongo ayudó a acercar un cojín que había quedado lejos del público. Luego se sentó junto a sus amigos.
Escucharon canciones de lluvia, de abejas y de semillas que se despiertan bajo tierra. Rosco acompañó muy bajito el estribillo que conocía.
Al terminar, las flores se inclinaron y todos aplaudieron. De regreso, Mimi contó las piedras pintadas para recordar la ruta. Ninguno tuvo que preguntar por dónde salir: las notas también los guiaron de vuelta al estanque.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Entrar por la puerta de musgo
- Seguir las piedras con notas musicales
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