Bongo se coloca en una rama alta y mira hacia el centro del jardín. Desde allí, su voz es clara y entusiasta.
—¡Miren! —dijo, señalando el camino—. Esa rama parece un puente hacia el corazón del jardín. Si la cruzamos, podemos encontrar el lugar donde están las flores más brillantes.
Rosco baja la mirada y asiente con suavidad. —Tú puedes observar desde arriba sin miedo —dijo, señalando a Bongo—. Tú guías, nosotros seguimos tu paso.
Mimi se acerca con una sonrisa tranquila y escucha las ideas con atención. —Si cruzamos como dices, paso a paso, podemos avanzar con cuidado —dijo, manteniéndose cerca de ellos.
Bongo señala la marca de la rama y añade una instrucción práctica. —Manténganse pegados a la rama, miren adelante, y cuando lleguemos, buscaremos el claro donde está el corazón del jardín —dijo.
Con esa señal, todos quedan más seguros y avanzan juntos, confiando en la ruta que él mostró. Y al final descubren que la verdadera valentía es caminar unidos.
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