El viaje de Tula
El lago arcoíris y la luz de casa
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El viaje de Tula

Antes de salir, Milo recogió la piedra de luz de la orilla. Bruno la acomodó en su cesta y subió con cuidado a la plataforma de Tula. Ada se sentó junto al asa para sujetarla.

La tortuga nadó despacio por una ruta que conocía de memoria. Cada boya tenía una campanita. ¡Tin! La primera. ¡Tin! La segunda. Bruno las contó hasta llegar al pequeño muelle.

En el faro, Milo abrió la lámpara. Ada indicó la ranura y Bruno levantó la cesta con sus dos patas. La piedra encajó con un clic. Una franja amarilla atravesó la niebla.

Pronto contestó la campana de una barca. Luego otra. Los pescadores siguieron la luz hasta el puerto.

Tula llevó a los tres amigos de vuelta a la orilla. Bruno compró otro bocadillo y lo dividió en cuatro partes. La de Tula fue la más grande: ¡había remado con las cuatro patas!

¡Fin!

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Tu camino

  1. Viajar con Tula llevando la piedra
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