Una piedra demasiado brillante
Ada leyó las letras pequeñas del cartel: «Tula conoce la travesía. Sujetar la piedra durante el viaje». La tortuga asomó la cabeza entre la niebla y saludó. Llevaba años transportando al encargado del faro.
Milo tocó la piedra. Estaba fría, aunque brillaba como un trocito de sol. Bruno se acercó demasiado y estornudó. ¡Achís! Una nube diminuta salió de su nariz.
—Puedo llevarla en la cesta de mi merienda —dijo. La cesta estaba vacía y tenía un asa fuerte.
Podían embarcar con Tula y llevar la piedra al faro. Si preferían caminar, el mapa señalaba un puente con barandillas y una lámpara de repuesto en la isla. Bruno esperó sin recoger todavía la piedra.
¿Qué camino eliges?
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