El cráter del silencio

El cráter del silencio

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El cráter gigantesco está en silencio, tan quieto que casi se puede oír el temblor de las piedras. Kade se agacha un poco y escucha, con la cara alta y seria. Vela se pone una mano en la cadera y observa las paredes con atención.

—Si escuchamos con cuidado, podría surgir una ruta secreta entre el silencio y la piedra —dice Kade, con voz firme—. Pero podríamos quedarnos atrapados si el silencio cambia de golpe.

Vela asiente, sin perder la calma. —Podemos intentar una verificación paso a paso: primero, colocar una marca pequeña en el borde, luego avanzar tres pasos y escuchar de nuevo. Si no escuchamos nada, retrocedemos. Si oímos una vibración, paramos y evaluamos.

Kade toma una cuerda de su mochila y la ata a una estalagmita cercana para medir el progreso sin dejarse llevar por el impulso. —Trabajemos con precaución, amiga. Si encontramos la ruta, podremos volver a casa con una historia segura para contar.

Vela asiente, sacando un pequeño dispositivo que emite una luz suave. —Este equipo puede indicar cambios mínimos en la pared. Si la ruta secreta existe, nos mostrará una señal; si no, saldremos del cráter por donde vinimos.

Un silencio largo llena el borde del cráter. La mano de Vela pulsa el botón y la luz tiembla apenas. —Escucha ahora, porque cada segundo cuenta —susurra—. Si hay una ruta, oiremos una nota leve en el mismo silencio.

Kade respira hondo y asiente. —Entonces escuchamos con paciencia y caminamos con cuidado. Si nos quedamos quietos, quizá descubramos el camino a casa.

Al final, encuentran una señal mínima: una nota suave en la pared que brilla apenas. Se miran, saben que están juntos. Aprenden que la prudencia y la cooperación pueden traer la ruta y la paz, incluso en un lugar que guarda un gran silencio.