La Catarata del crepúsculo

La Catarata del crepúsculo

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Una cascada cambia con el tiempo: cada segundo, el agua sube o baja, y el color de la luz varía como una pintura que respira. Tres viajeros se acercan a la cascada. Un zócalo de roca sostiene un antiguo enigma tallado, y el aire huele a rocío y a madera mojada.

La Hada del amanecer baja de un tallo de luz, sus alas transparentes destilan un brillo suave. El Ser del tiempo gira su reloj de arena y mantiene un tono calmado. El Zorro de las sombras se queda atento, oliendo el terreno en silencio.

—Hada del amanecer, ya hemos llegado —dice el Zorro de las sombras con voz atenta y vigilante. La hada responde con una sonrisa: —Me alegra veros a los dos aquí.

La cascada emite un murmullo que parece un susurro de campanas lejanas. De pronto, cambia de ritmo: ahora parece latir como un corazón de metal antiguo.

—Este enigma protege el agua para que quien venga con hambre de poder no abuse de ella —dice el Ser del tiempo, y su voz se extiende como una brisa larga.

El Zorro de las sombras se acerca a la inscripción tallada en la roca y señala una secuencia de signos que cambian cuando alguien toca la cascada. —Si entiendes el cambio, podrás pasar, pero solo si trabajas juntos —añade.

La pista que guardan podría cambiar su mundo: una frase grabada en el enigma que se adapta a cada visitante, revelando que la verdadera fuente de poder es la cooperación. —¿Por qué cambia la cascada con el tiempo? —pregunta el Zorro de las sombras. —Porque sigue el ritmo de mi reloj de arena, y el tiempo nunca deja de moverse —responde el Ser del tiempo—. Por eso tampoco nosotros podemos quedarnos quietos: si avanzamos juntos, el enigma nos dejará ver su verdadero mensaje.

La Hada del amanecer levanta una mano y une las miradas de todos. —Si aceptan trabajar juntos, la cascada mostrará una ruta de verdad. Si no, quedará bloqueada para siempre. ¿Qué deciden hacer?

¿Qué camino eliges?