La promesa al amanecer en la Cúpula
La promesa al amanecer en la Cúpula
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La promesa al amanecer en la Cúpula

Aitana había prometido algo concreto: el día que pasara el cometa, los niños del valle podrían mirar por el gran telescopio del palacio. Nadie tendría que conformarse con oír después cómo había sido.

Llegó al observatorio antes del amanecer, acompañada por Iris y Teo. La anciana hada conocía los aparatos de luz; el explorador llevaba un cuaderno con los planos que habían encontrado en el archivo.

El telescopio estaba listo, pero la cúpula seguía cerrada. Una aguja roja señalaba que el cierre automático se había atascado después de tantos años sin uso.

En el vestíbulo había un aviso: podía abrirse desde la galería de mantenimiento o restableciendo el disco solar que controlaba el cierre. Ninguna de las dos cosas requería romper la cubierta.

Desde la ventana vieron las primeras linternas del grupo que subía por el camino.

—Iris, tú conoces el disco —dijo Aitana—. Teo, yo puedo ayudarte con las instrucciones de la galería.

Aún disponían de tiempo para probar cualquiera de los sistemas. ¿Irían a los mecanismos de la galería o estudiarían el disco solar?

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¿Qué camino eliges?

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