La ensenada del sauce
Clara entró en el canal lateral con los polluelos detrás. Conocía los tramos más anchos y avanzó sin obligarlos a salir del agua. Oliver voló a distancia, siguiendo el movimiento de los juncos.
Llegaron a la ensenada del sauce. Allí los pequeños pudieron descansar. Clara los contó y le indicó al búho que ya podía buscar a la guardabosques.
Cuando la mujer llegó a la zona de los nidos, el cazador se había marchado. Encontró las jaulas y los lazos gracias a las indicaciones de Oliver. Los retiró y organizó vigilancia para las tardes siguientes.
Clara no volvió a aquella ribera hasta que la revisión estuvo terminada. Durante esos días, Oliver la visitó en la ensenada. Ella le enseñó las flores de agua que solo se abrían por la mañana.
El búho había querido ayudar, y lo había hecho. También había descubierto que Clara conocía salidas que él no podía ver desde su arco. Cuando regresaron al puente, eligieron juntos dónde vigilar y dónde descansar.
Este cuento tiene 2 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Bajar a avisar a Clara enseguida
- Comprobar el canal desde el agua
- Salir por el canal y avisar desde la ensenada
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