La Colina de la fortaleza

La Colina de la fortaleza

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En la Colina de la fortaleza, Arden, un dragón de escamas escarlata, Zafir, un zorro ágil y curioso, y Luz, una luciérnaga brillante, se reunieron bajo el cielo gris. La ciudad vibraba, pero una oscuridad se extendía desde las calles, como un manto que escondía las luces. Arden plegó sus alas pequeñas para no asustar a la gente y dejó ver su resplandor escarlata entre las piedras.

—La ciudad necesita nuestra ayuda, dijo Arden con voz firme. —No podemos dejar que la oscuridad gane.

Zafir, ágil y curioso, repasó con la mirada la silueta de la torre más alta. Su cola chispeó como pequeñas chispas al emocionarse.

—Busco un camino seguro para entrar a la ciudad, respondió Zafir. —Si encontramos la fuente, la podemos detener.

Luz, pequeña luciérnaga, bajó junto a una grieta de la fortaleza y dejó que su luz iluminara las caras de sus amigos. Su brillo era sereno y decididamente calmante.

—Yo puedo guiarles por los túneles oscuros, dijo Luz. —La salida está más cerca de lo que parece si seguimos las paredes luminosas que dejo.

Arden abrió paso con una patada suave, dejando un rastro de destellos. Zafir olfateó el aire y señaló con la nariz una abertura entre dos rocas. Luz zumbó de felicidad cuando la luz se reflejó en el metal viejo de la cerradura.

—Entonces avanzamos juntos, dijo Arden. —Con nuestras habilidades podemos proteger a la ciudad y encontrar la salida.

La pregunta quedó suspendida en el aire: ¿qué camino tomarán para llegar a la salida y enfrentar la amenaza?

¿Qué camino eliges?