La Montaña Mágica: puertas de engranajes

La Montaña Mágica: puertas de engranajes

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Irene y Nova llegan a la Montaña mágica, una roca alta que parece brillar cuando cae la tarde. El viento trae un murmullo suave y el camino se divide en dos sendas claras, cada una con su propio misterio. Irene se ajusta las gafas, observa grabados en la piedra y toma nota de cada detalle con su cuaderno pequeño. Nova afila su espada de entrenamiento con movimientos medidos, lista para cualquier peligro que aparezca. Se miran, sabiendo que lo correcto es avanzar con cautela y cabeza fría.

— Vamos a estudiar cada tramo y ver dónde está el secreto que buscamos, Irene. — Irene, con voz breve y segura, marca el inicio de la exploración en la guía de su cuaderno.

El primer sendero sube entre picos azules y vegetación que parece hecha de zafiros. Hay huellas pequeñas en la roca y un leve resplandor a cada paso. El segundo camino desciende hacia una cueva cubierto de líquenes plateados que reflejan el cielo. Un temblor ligero se escucha bajo la Montaña, como si la tierra respirara. Nova mantiene la mirada fija en el horizonte y escucha cada sonido, como si el secreto pudiera soltarse a través de una pista sonora.

— Este giro podría acercarnos a una cerradura antigua, de las que se abren con una clave de luz. — Nova, con la voz firme, señala la posibilidad de una pista visual en el primer sendero.

— Y este otro tramo podría esconder una memoria del lugar en forma de eco, algo que sólo se descubre si entramos con calma. — Irene, analítica y precisa, da a entender que la paciencia también es una herramienta.

Las dos amigas se quedan pensando, midiendo el riesgo y la recompensa. El aire se llena de una pregunta clara: ¿cuál camino les acercará más al secreto antiguo?

¿Qué camino eliges?