Un minuto entre dos orillas
Zafir pidió al guardián que preparara el paso provisional. Después pronunció los tres nombres y el destino, tal como habían ensayado. Un pasillo claro apareció entre la niebla. El aprendiz puso en marcha su reloj de arena de un minuto.
Cruzaron caminando deprisa, sin correr. Nova mantuvo las alas plegadas y Nico sujetó el saco con las dos manos. Llegaron a la plaza cuando todavía quedaba arena. El guardián cerró el pasillo y confirmó que repetirían el conjuro para regresar.
Repartieron las cartas antes de medianoche. El abuelo de Nico recibió la de la abuela y escribió unas líneas para ella. —Gracias por venir —le dijo al darle el sobre. Nico lo guardó lejos de la humedad.
Zafir abrió el paso de vuelta siguiendo las mismas instrucciones. Ya en su orilla, dejaron con el guardián una nota sobre la avería y el lugar de la gema. El puente quedó cerrado a los visitantes hasta que sus ayudantes terminaron de ajustarla.
En casa, Nico entregó la respuesta. Su abuela la leyó dos veces y la guardó en la caja de las cartas de otros años. Habían cruzado durante un minuto, pero ella sabía que tendría palabras para acompañarla mucho más tiempo.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Leer las instrucciones del arco
- Abrir un paso provisional con el conjuro de Zafir
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