El reflejo entre las rocas
Siguieron la orilla hasta una curva. Nimbo encontró un segundo poste con el dibujo de una concha. Desde allí se veía la entrada de una gruta y, enfrente, una cala a la que llegaba un puente de madera.
El sol rozó la copa del álamo. Una línea dorada salió de la gruta, rebotó en el agua y recorrió los juncos. Taro comprobó que no había nada flotando donde pasaba la luz.
—Si fuera una moneda, no atravesaría las plantas sin moverlas —dijo.
Podían cruzar el puente, que tenía barandillas y un cartel de mantenimiento reciente, para observar el destello desde la cala. O acercarse a la gruta en la barca de remos del embarcadero. Su encargado podía llevarlos; Lira nadaría al lado.
Nimbo preparó dos páginas del cuaderno: una para lo que vieran desde fuera y otra para el posible origen de la luz. Todavía no había escrito la palabra «tesoro» en ninguna.
¿Qué camino eliges?
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