La entrada al Santuario: un dilema de luz y calma

La entrada al Santuario: un dilema de luz y calma

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La entrada al Santuario del dragón se abre entre árboles iluminados. Un resplandor se posa en los troncos y escuchan un susurro de agua.

—Luno, mira justo aquí —dice Elian en voz calmada, señalando la cueva con sus alas extendidas.

—Yo veo dos opciones —señala Nerea, acercándose con paso firme, no por miedo, sino por cuidado.

El dragón se asoma tras una columna de hielo, temblando, y una luz pequeña se escapa de su pecho.

—Luno, si liberamos la luz, podría desbordarse la cueva y asustar a los peces —advierte Nerea, moviendo la cabeza con prudencia.

—No debemos actuar a lo loco —responde Elian—. Debemos pensar en todos, incluso en el dragón.

Con la decisión pendiente, todos miran la entrada, esperando palabras que indiquen el camino. ¿Qué harán para resolverlo sin perder la calma ni a sus amigos?

¿Qué camino eliges?