La moneda que encendió el canal
Nubo bajó a la roca por la pasarela. Colocó el disco de latón en la ranura y lo giró, pero apenas se movió.
—Hay arena dentro —dijo.
Inés le pasó un cepillo de cubierta. Nubo limpió la ranura con cuidado y volvió a intentarlo. Esta vez el disco dio una vuelta completa.
Sonó un clic. Una luz verde apareció en el primer poste. Después se encendió otra a su derecha, y otra un poco más lejos. Las luces dibujaban una curva entre los peñascos.
Mara comparó la primera curva con el agua que tenía delante. Ahora se distinguía el canal, ancho y tranquilo.
Nubo dejó el disco sujeto a su cadena y regresó a bordo. Inés soltó la amarra. Navegaron de una señal a la siguiente hasta dejar atrás las rocas.
Al salir de la niebla vieron la campana del puerto. Había gente esperando en el muelle, con las calles todavía sin adornar.
—¡Llegan los farolillos! —gritó alguien.
Los tres ayudaron a descargar las cajas. Cuando terminó de caer la tarde, veinte luces de colores se reflejaban en el agua.
Nubo señaló a lo lejos las señales verdes del canal.
—Esas también merecen estar en la fiesta.
Mara sonrió. Desde su amarre, el Golondrina parecía rodeado de estrellas verdes, rojas y amarillas.
Este cuento tiene 4 finales posibles. ¿Los has descubierto todos?
Tu camino
- Seguir la brújula hacia la campana del puerto
- Usar el disco de latón para encender las señales
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