Un nombre escrito en el suelo
Fortaleza perdida: el nombre de la puerta
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Un nombre escrito en el suelo

Los tres se apartaron un poco del arco para mirar las losas. El viento movía las piezas de hierro y las sombras parecían bailar.

Iris quiso sujetar una, pero pesaba demasiado para ella. Bajó de nuevo sin forzarla.

—Tendremos que esperar a que se queden quietas.

Nereo se fijó en el orden de los ganchos. Aunque las piezas giraran, cada una seguía colgada en su lugar. Sylas colocó cinco hojitas en fila para recordar las posiciones.

Por fin cesó el viento. Sobre las losas aparecieron una A, una L, una B, una O y una R.

—Albor —dijo Iris—. ¡No eran adornos! Era el nombre.

Regresaron al portón y lo pronunciaron. La puerta dejó de estar cerrada y los tres entraron en una sala llena de libros.

Nereo encontró papel y un lápiz sobre el mostrador. Dibujó las cinco letras tal como las habían visto en el suelo. Sylas sujetó el cartel nuevo en la entrada.

Después escogieron un libro sobre sombras y lo leyeron junto a la ventana. Iris descubrió cómo hacer una mariposa con las manos; Nereo consiguió un pez.

En la pared apareció por último un árbol enorme, formado por las manos de Sylas. Los amigos se rieron tan fuerte que varios pájaros se acercaron a ver qué ocurría en la biblioteca recién abierta.

¡Fin!

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Tu camino

  1. Rodear la muralla hacia la encina y el tintineo
  2. Leer las sombras de las piezas de hierro
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